Es imposible deletrear algún sinónimo de felicidad. Prefiero ser honesta antes que ser una farsante y simular ser algo que no soy ni siento. Trato de resaltar lo menos cercano o entendible posible. Motivos personales.
Estoy muerta por dentro, pero mi corazón late. Estoy muerta por dentro, pero mi corazón siente. Codeándome entre grises pensamientos en persona, envolviéndome más en la hermosa soledad y odiándome en todos mis aspectos. Llego a creer que mi existencia no le sirve a nadie, que mi cuerpo sin aliento no le interesaría ni a la mismísima muerte. Que “mi espejo no es demasiado grande para nosotros dos “. Nadie puede quitarme esta sensación de muerta y viva a la vez. Bailo sola, con unos tragos de más encima que acentúan mi estado decadente y deprimente. Déjame, destruye mi corazón por completo y úsalo como símbolo de victoria en tu cuello. Pero no me reemplaces. Ni mi cuerpo, ni ellos, ni tu.
Deseo estar mal, lo reconozco, lo disfruto, pero no se la razón. Es una ambición. Las ganas de saber qué se siente algo peor o no tan peor. Saber que se siente lastimar a otros aunque no sea necesario. Saber que se siente estar bien. Y estar mal. Ambiciosa, quiero ser feliz. Si supiera que es eso para mí y como lograrlo. Mientras tanto mi corazón permanecerá clavado en la punta de mi uña y la lluvia ácida seguirá desintegrándome lenta y dolorosamente en la nada.